
«Se ha dicho en el banco azul
que España ya no es cristiana
aunque sea republicana
aquí quien manda eres Tú,
Estrella de la mañana»

Lo dijo en forma de saeta la Niña de la Alfalfa en 1932, aquel año en que sólo Ella se atrevió a salir a la calle: «Han dicho en el banco azul, que España ya no es cristiana; aunque sea republicana, aquí quien manda eres tú, Estrella de la mañana». Recordaron con una enorme pancarta los dos versos finales de aquella saeta algunos hermanos de la O cuando el pasado sábado (ya más bien domingo) la Virgen de la Estrella pasó por la calle Castilla, en una larga procesión extraordinaria de casi once horas por el barrio de Triana.
Había que celebrar los 450 años de existencia de la Hermandad que fundaron en 1560 los patrones de barcos, aquéllos que se encomendaban a la Madre de Dios como estrella que debía guiar sus largos viajes por alta mar. Eran los tiempos en que Sevilla era la puerta de salida de Europa hacia el nuevo continente.
Todo ello se recordó el sábado cuando a las siete y media de la tarde salía de la pequeña capilla un cortejo inusualmente largo en una procesión extraordinaria, debido a las numerosísimas representaciones que acompañaron a la Estrella de Triana por las calles: cofradías que comparten advocación con la Reina de San Jacinto procedentes de diversas localidades andaluzas, las hermandades del Domingo de Ramos, las trianeras y otras como la Macarena, el Baratillo o Montesión. Todas ellas formaron parte del cortejo hasta la llegada del mismo a Santa Ana. Sólo San Gonzalo y la O continuaron hasta la parroquia de esta última. Antes de eso, uno de los momentos más emotivos fue la entrada de la Estrella en la Capilla de los Marineros, devolviendo así a la Esperanza la visita que ésta le hace cada mañana de Viernes Santo. La banda de la Oliva de Salteras enlazó en estos momentos hasta tres marchas: «Triana de Esperanza», «Soleá dame la mano» y «Esperanza de Triana Coronada».

Muchísima gente siguió desde primera hora a ‘La Valiente’, aunque con el paso de las horas las calles se fueron despejando, lo que contribuyó a disfrutar con más tranquilidad del palio por rincones del barrio inéditos para la hermandad.
Para completar lo extraordinario de la salida procesional, en la que se estrenaron los varales de Juan Borrero y se recuperaron las flores de cera y la toca de sobremanto, se aprovechó para bendecir un enorme retablo cerámico de la dolorosa colocado en la esquina de la calle San Jacinto con Pagés del Corro, justo enfrente del que hace 50 años se instaló en la fachada de la parroquia; y otro más momentos antes de entrar en la capilla, éste del Señor de las Penas, situado en el inmueble recientemente adquirido por la hermandad junto a su sede canónica.

Además, hay que destacar el modo en que se engalanaron las calles por las que discurrió la procesión, algo en lo que la Hermandad de la Estrella de Coria del Río echó el resto con una alfombra de sales junto a la capilla, otra de flores de papel a lo largo de San Jacinto y varias estrellas de bombillas en las fachadas de la misma calle.
En definitiva, otra de esas jornadas cofrades para guardar por siempre en el recuerdo, con una Estrella que demostró que si, como decía la saeta, mandaba en los difíciles años 30 del siglo XX, sin duda aún sigue haciéndolo en este complicado siglo XXI.

Caricia Virginal. Estrella airosa.
Diamante puro y límpio de Triana
que a la tristeza eleva y engalana
su llanto de verdad, su cara hermosa.
De azucena corporal preciosa,
su cara de marfil y filigrana
va tejiendo una pena, pena humana
de incienso y clavel, de cera y rosa.
Transparencia del llanto y luminosa
al sol que se le inclina. Que es mas bella
que la estrella del sol. Es luz llorosa.
inefable de gracia, estela, huella,
novia del puente, encaje de dulzura,
llanto y vida…. y Virgen de la Estrella.

La Historia de «La Valiente»
Muchos recuerdan la Semana Santa de 1932, fecha desventurada en la que el ambiente envenenado no era nada propicio para la magna manifestación de las procesiones sevillanas. Pasó el Domingo de Ramos, sombrío y helado, bajo la amenaza vociferante de la exaltación atea.
Pero llegó el Jueves Santo, y la Hermandad de la Estrella decidió salir a la calle. A su estación de penitencia acudió Sevilla entera, uniéndose en el testimonio viril de la Hermandad de temple y valor a raja tabla.
Durante el camino no falta el atentado sacrílego. En las puertas mismas de la catedral un forajido, que no era sevillano, hizo a la sagrada imagen dos disparos de pistola, que, gracias a Dios, ni le rozaron. La fuerza pública hubo de proteger al desdichado.
El regreso de la Cofradía hasta el templo trianero de San Jacinto fue una apoteosis de fervor. Miles de sevillanos acompañaron a los hermanos, desagraviando a la Virgen de la Estrella en una pletórica demostración de sentimiento religioso. Cuando en 1957 se cumplió el veinticinco aniversario de aquella salida procesional, todas las Hermandades sevillanas rindieron en San Jacinto un justo y cálido homenaje a la que el pueblo llamó «la Virgen Valiente».
Tan proverbial se hizo la actitud decidida de los cofrades de la Estrella que, cuando el Domingo de Ramos de 1956 la lluvia torrencial anegaba las calles todas de Sevilla, el pueblo decía: «Si acaso sale alguna, será la Estrella». Y en efecto: la Hermandad de la Estrella salió. No el Domingo, pero sí el Martes Santo, solitaria bajo un diluvio inclemente, que puso a prueba el ímpetu y el fervor de los hermanos.
Cuatrocientos años cumple la Hermandad. Cuatro siglos de devoción a la imagen bellísima, Estrella de la Mañana, guía y norte de los trianeros y gala de la imaginería religiosa; hispalense. Hermandad con fundamento gremial, como las mejores, que ha dado constante ejemplo de callada virtud, de serena v clara religiosidad y de firme decisión —que le vendrá de remoto origen marinero— de luchar a cuerpo limpio contra toda clase de tempestades.






